Historia

Nuestra tradición vitivinícola

Aunque el origen de nuestras castas procede de la época romana, fueron los monasterios del medievo en Galicia y muy particularmente en nuestro caso el de Oia, por encontrarse en la subzona de O Rosal, los encargados de su expansión. Aquí, los monjes del Císter trajeron sus formas de cultivo y pronto comenzaron a interesarse por las oportunidades que ofrecían para el viñedo las tierras del Baixo Miño. Con las uvas obtenían vino para poder ofrecerlo en sus servicios religiosos así como venderlo a las familias burguesas y nobles que tenían un consumo habitual. Las gentes humildes también lo bebían con motivo de las celebraciones que se llevaban a cabo.

Fueron por tanto, los abades del Monasterio de Oia quienes a través de sus prácticas y adecuación de variedades introdujeron en O Rosal las bases de nuestra enología. De esta forma, siglo tras siglo, año tras año y generación tras generación, el cultivo de la vid ha sido siempre una actividad esencial en las vidas de nuestras gentes, conocedoras del gran potencial otorgado por sus privilegiadas fincas y su especial microclima, tan propicio para dicha labor.

Al igual que otras actividades del campo, las vitivinícolas suponían una colaboración entre todos los vecinos de las pequeñas aldeas que formaban O Rosal. Durante la vendimia, las “pandillas de pueblo” se juntaban para ayudar, para compartir y en definitiva, para estrechar sus lazos de amistad y camaradería y disfrutar de algo que les era tan suyo, tan propio y tan arraigado a sus raíces. Las casonas rurales y sus bodegas eran parte inseparable y era tal su unión que difícilmente se hubiesen podido concebir por separado. Y en ellas, los lagares o lagaretas esperaban ansiosos poder prensar las uvas que con tanto cariño habían sido recolectadas mientras los barriles daban la bienvenida a los primeros mostos.

Las labores de nuestros padres y abuelos suponían a menudo considerables esfuerzos pero la satisfacción de comprobar los frutos obtenidos fue siempre para ellos mucho mayor.
Con este principio en mente y con los vinos que se han elaborado desde siempre en las bodegas de nuestras familias, nace TORROXAL, como el regreso y reflejo de aquellos tintos y blancos que se degustaban en las casas, romerías y viejas tabernas de O Rosal.

Sólo conociendo nuestra cultura y nuestras costumbres, podríamos saber hacia dónde nos dirigíamos y cuáles eran nuestras metas.

Pensamos que el mejor homenaje que podíamos hacerles a los nuestros era perpetuar lo que ellos con tanto esmero y cariño habían conservado y no dejar caer en el olvido lo que siempre nos ha identificado como pueblo, recuperando variedades que estaban a punto de desaparecer.

Sólo de esta forma, a través de una filosofía de tenacidad y seriedad, hemos podido poner en marcha este proyecto cargado de ilusión y añoranza que durante tanto tiempo permaneció en las mentes de los que hoy formamos el equipo de Torroxal.

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