
Para conseguir las mejores castas tintas se desarrolló un duro
trabajo de I+D durante más de cinco años, debido a los escasos
estudios vitícolas hasta la fecha realizados sobre estas variedades.
Torroxal se aseguró de la sanidad de las cepas
más viejas al recoger muestras y verificó que el vino obtenido
tenía potencial de envejecimiento. Todas
las cepas fueron plantadas siguiendo un sistema innovador, para conseguir
unas uvas con mayor grado y estructura. No se roturó el campo
ni se hizo ningún movimiento de tierras. Se desbrozaron y limpiaron
2 fincas de monte (27 hectáreas) y con la ayuda de grandes taladros
y brocas, se hicieron agujeros en la misma roca para insertar los patrones.
Al ser la roca esquisto, blanda por tanto, el sistema radicular corría
por su interior. Con ello se pretendió conseguir más calor
para la planta que ayudase a la maduración.
Además, el drenaje natural y capilaridad del terreno,
la rápida filtración de las lluvias y el respeto con el hábitat
natural al mantener el entorno y la orografía intactos, ha situado
a Torroxal como una empresa respetuosa con el medio
ambiente. 
Uvas autóctonas cultivadas en terrenos en pendiente
a 150 metros sobre el nivel del mar, aireados y con pocos problemas de sanidad
de la uva.